Un hombre sin honor no es un hombre

El día de ayer fui a ver a una persona que se dedica a la valuación de empresas para luego venderlas y de ahí ganarse una comisión, dependiendo de la cantidad en la cual se venda la compañía.

Hace no mucho tiempo yo trabajaba en la compañía de esta persona, pero decidí salir, debido a que la clientela interesada en aquel momento era muy poca, por lo que me pareció que mi estancia ahí era irrelevante.

No obstante, al partir quedamos en muy buenos términos y de vez en vez les mando uno que otro cliente, por lo que recibo una comisión por cada uno de ellos; sin embargo, el día de ayer realmente me enfurecí con aquella persona, quien ahora me doy cuenta de que carece de honor absolutamente, algo que en realidad no me debería de sorprender en lo más mínimo.

Esto lo digo debido a que le conseguí una gran venta, donde se hizo de una buena cantidad de dinero y me dio ni siquiera el 1% del valor total de la ganancia.

La mayoría de los hombres que caminan hoy en día por las calles, vestidos con trajes de la más alta calidad y utilizando relojes que siegan a cualquier persona que pase cerca de ellos (especialmente la gente joven) no son caballeros y no son personas de honor.

El honor es una virtud que se forja durante años con fuego, sangre y constante trabajo, de la misma manera que un roble crece de una semilla que necesita cuidado diario por parte del jardinero, para que crezca un día un gigante, de manera que ha de proveer a muchos seres con una agradable sombra.

El honor es una virtud que no conoce simetría, ya que aunque toma años y años para forjarse, se puede perder en tan solo un segundo.

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Muchos hombres son del pensar que el honor es como un bumerang, que es posible perderlo en el viento, ya que éste siempre regresará a sus manos; sin embargo, el honor es algo que al perderse jamás se volverá a recuperar.

Muchos hombres de hoy en día piensan que el honor se puede comprar cuando la tesorería está llena, ya que para ellos lo que más vale en este mundo es el oro y la riqueza, por lo que no entienden que el honor no tiene precio y que un buen nombre esculpido con los cinceles del honor es más valioso que todo el oro del mundo entero y es mejor no tener oro pero tener honor que viceversa.

A su vez, es mejor que las personas ajenas a nuestra realidad inmediata piensen que no tenemos honor alguno, que tener medallas en todo el pecho que no merecemos y que no nos hemos ganado.

Se dice que los muertos dejan sus pertenencias en vida; sin embargo, un buen nombre traspasa los confines de la tumba y hace a los campos crecer con su mera memoria, un hombre sin honor simplemente no es un hombre.